sábado, mayo 26, 2018

Tristeza



Lo que vivimos actualmente los venezolanos, va más allá de lo que alguna vez nos imaginamos, con poca comida, sin medicinas, sin transporte, sin efectivo, sin maestros, sin profesionales capaces. Creo que lo peor es lo que todo esto le hace a la psiquis del Venezolano, ya no puedes enterrar a tus muertos por temor a que profanen el cuerpo, ahora las colas le llegan hasta el que murió, cola en la Funeraria para el velatorio, cola en el Horno para que te cremen... Espero que en el cielo, no haya cola también....
Falleció la madre de unas buenas amigas, y yo no podré acompañarlas, entre la falta de efectivo, la ausencia de transporte ya es hasta imposible, abrazar a las personas que quieres, sólo queda a la distancia de una llamada, de un texto escrito con dolor, acompañar a los amigos en las horas tristes de despedir a un ser querido. Estos son los momentos en los que uno debe estar presente, pero, no, no se puede. Estos son los momentos en los que te provoca gritar y sacar todo el odio que han ido sembrando en el alma de cada uno de los Venezolanos.

Descansa en Paz Carmen, viviste bien, viviste bastante, con tus hijas y tu nieta siempre a tu lado... Saludos por allá 



martes, abril 10, 2018

Si te haces historias



No te las creas, no todo lo que brilla es Oro, ni todo lo que parece ser, es. Así que andar sufriendo por gusto, lamentándose y creyendo que los demás son Demonios es para personas con muchas ganas de ser Infeliz.

viernes, febrero 16, 2018

Los Clavos en la puerta



¿Cómo se hace para calmar y curar un corazón golpeado?

Difícil tarea

Ésta es la historia de un niño que, todos los días, se peleaba con su hermano, con sus padres, compañeros del colegio, etc …
Una tarde, su padre le entregó un paquete. El niño muy curioso lo desenvolvió rápidamente y se sorprendió muchísimo al ver ese extraño regalo: era una caja de clavos.
El padre lo miró muy fijo y le dijo:
 “Hijo mío, te voy a dar un consejo: cada vez que pierdas el control, cada vez que contestes mal a alguien y discutas, clava un clavo en la puerta de tu habitación”
El primer día, el niño clavó 37 clavos en la puerta.
Con el paso del tiempo, el niño fue aprendiendo a controlar su rabia, por ende, la cantidad de clavos comenzó a disminuir. Descubrió que eras más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la puerta.
Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos.
Su padre orgulloso, le sugirió que por cada día que se pudiera controlar, sacase un clavo. Los días transcurrieron y el niño logró quitarlos todos.
Conmovido por ello, el padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta, y con suma tranquilidad le dijo:
“Haz hecho bien, hijo mio, pero mira los agujeros… la puerta nunca volverá a ser la misma. Cuando dices cosas con rabia, dejan una cicatriz igual que ésta. Le puedes clavar un cuchillo a un hombre y luego sacárselo. Pero no importa cuántas veces le pidas perdón, la herida siempre seguirá ahí. Una herida verbal es tan dañina como una física. Recuerda que los amigos son joyas muy escasas, consérvalos, cuídalos, ámalos, pero no los lastimes, hay daños que son irreversibles y no hay perdón que los sane”
El niño comprendió la enseñanza de su padre y la agradeció profundamente; se dio cuenta de que al enojarse no sólo causaba daño a los demás, sino que también se daña a sí mismo. A partir de ese momento jamás volvió a tener que controlar su ira, porque decidió actuar siempre guiado por el amor
Y tú, ¿cuantos clavos y/o agujeros tienes en tu puerta?






martes, enero 23, 2018

Solitudine



Cuando cae la tarde y te das cuenta, de que necesitas un abrazo, que te digan que te quieren, que te ofrezcan un café y una conversación sin negativas… Creo que se llama Soledad.
Cuando te das cuenta que en realidad estás solo, sin apoyo, que los cariños están lejos, que los amigos, están lo suficientemente distantes como para no poder hablar… Se llama Soledad


No sabía que éramos buenas amigas

viernes, junio 30, 2017

Esta es la historia de amor de Dulce y Mario… Sin final Feliz

Dulce entró a la oficina en compañía de sus otras amigas, cuando los presentaron, ella sintió un corrientazo en el estómago y nunca más dejó de sentirlo. Mario es lo que lo llamamos las mujeres un “mangazo” y para Dulce era, además de eso,  un papacito bello, dulce, amable, caballeroso tiene todo lo que una mujer ama en un hombre.

Se enamoró locamente de él, a pesar de que ella tenía su compromiso, fue algo que ella no pudo y no quiso evitar, y sabía que el sentimiento era mutuo pero, muy dentro ella había una pelea entre el sentimiento y el raciocinio, pensaba: él se merece una vida tranquila, un amor que le dé hijos, un amor sin sobresaltos, sin discusiones, todo eso Dulce no podía proporcionárselo (al menos eso pensaba),  y por el otro lado la piel le reclamaba su pasividad. Pasaron muchos meses de lucha continua entre la piel y la razón, pero Dulce no podía perderse el placer de llenar sus ojos de la pureza del amor. Hacía las cosas más locas que nunca imaginó y él sin saberlo, acompasaba sus locuras; ella tenía sus momentos de libertad y los aprovechaba para dar rienda suelta a sus emociones, donde quiera que iba él siempre estaba en sus pensamientos, en sus proyecciones del que pasaría si? Cómo sería si?... Locuras. Muchas de sus acciones obedecían a su amor por él, calladamente, se vestía para él, se arreglaba para él.

Pasó el tiempo y la piel perdió la batalla, él consiguió lo que ella llamaba, su destino: su mujer, sus hijos y ella se apartó, pero nunca lo olvidó, siempre presente en sus fechas importantes, siempre presente en sus pensamientos, Mario es el amor que no pudo ser (porque ella lo decidió así unilateralmente), pero, que de alguna manera sigue llenando su corazón de esperanza, su mente no olvida aquellos pocos momentos de tanta intensidad que vivieron. Esto es lo que Dulce llama: Amor verdadero, ese que te llega una sola vez en la Vida y tú, lo tomas o lo dejas, por propia decisión.

Dulce siempre recuerda con un dejo de tristeza, la música que le sonaba en la mente, en aquel tiempo, romántica como fue, esta era una de esas…


Si tu me dices ven, lo dejo todo 
si tu me dices ven, será todo para ti 
mis momentos más ocultos, 
también te los daré, 
mis secretos que son pocos, 
serán tuyos también. 


jueves, mayo 11, 2017

Sobreviviendo en Venezuela: una locura


Anoche me acosté muy triste, estamos en Dictadura, desprotegidos, condenados, mendigando medicinas, sin agua corriente a todas horas del día, comprar comida es una lucha constante, un ir de allá para acá buscando precios, o simplemente: buscando. Están matando a los chicos, a los jóvenes con la mayor impunidad, ya no es la delincuencia común (que lo de común es un simple nombre), son, los delincuentes vestidos de verde, o de negro?, el resultado es el mismo: están matando el porvenir, el futuro de éste tan maltratado país.
Los chicos se van, familias enteras se van.La vida se nos ha complicado de tal manera, que es duro, sobrellevar con optimismo, con fe y esperanza ésta situación, ni en mi peor pesadilla imaginé que viviríamos esto que estamos viviendo. Estamos todos acorralados, perdiendo la vida a cuenta gotas, algunos se hacen de la vista gorda, intentado tapar el sol con un dedo (no se puede), yo, pienso en la niñez que vivieron mis hijos grandes, nada que ver con la que vive mi pequeño niño. 
Muy dentro de mi, guardo algunas cosas: recuerdos de vivencias que me ayudan a sobreponerme y pensar que por mas que el viento sople duro siempre hay una fuerza dentro de mi que me alienta a mantenerme en pie, la satisfacción de que de mis tres hijos, dos, ya tienen herramientas para enfrentar la vida, la educación que me dieron mis padres, la hermandad que mantenemos los hermanos Martínez Lugo, la amistad de seres incondicionales... Los hijos tan grandes que arropan a su mamá.
Sobreviviendo estoy en este país de locura.
Mientras tanto, trabajo como puedo, ayudo en lo que puedo, pinto con creyón y marcador, trato de no perder mi esencia, y, también lloro.

martes, octubre 25, 2016

A 3 años de tu partida...


No tengo palabras que expresen cómo me siento hoy, un gran dolor me invade, hicimos muchas cosas juntas, lastimosamente el día que partiste no estuve junto a ti, llegué cuando ya habías cerrado tus ojitos.... Sin embargo, hoy, cuando pienso en ti, veo que afortunados fueron mis hijos grandes que contaron con tu compañía mientras fueron niños, y que afortunados fuimos mis hermanos y yo de tener una mamá como tu. Te amo inmenso


Tristeza

Lo que vivimos actualmente los venezolanos, va más allá de lo que alguna vez nos imaginamos, con poca comida, sin medicinas, sin tran...